Para Alvarito

 



Alvarito


Como dice la canción de Diomedes: "Que si volviera al pasado, viviría despacio y te quisiera más". Y más es una palabra que se queda corta ante la magnitud de mi amor por ti.

Nuestra infancia, carente de juguetes convencionales más no de naturaleza y juegos que inventábamos para hacer llevadera nuestra niñez, demuestra la simplicidad de lo pequeño convertido en tradición.

No puedo más sino recordar tus días tristes __que también eran míos__, porque por lo general las travesuras y los castigos no eran individuales, pero sí por el contrario colectivos y sufridos; tampoco puedo olvidar que acompañarte, a veces, era difícil porque eras un niño y yo una niña y las niñas no podíamos hacer cosas de niños. Sin embargo, nos dábamos mañas para poder estar juntos compartiendo aventuras carentes de género, fuerza y valentía.

Te seguía por líder, por inteligente, por fuerte y osado. Te seguía porque con seguridad detrás de ti estaba la magia que solía buscar en las palabras, palabras llenas de verdades a medias o verdades a secas, porque para un niño la mentira no existe y lo imaginado se convierte en realidad.

Cómo quisiera no haberme vuelto adulto, cómo hubiese querido seguir allá en Los Estoraques caminando por entre arbustos con pequeños frutos que comíamos en el inclemente sol del medio día, cómo quisiera que la pelota de caucho jamás se hubiese desinflado y que las escasas luces alumbraran un poco más para poder continuar con nuestros juegos infantiles.

Cómo quisiera que las canicas no se hubiesen roto, que el trompo de poner con hendiduras aún se conservara, que la rueda de caucho y el palito en forma de Y no se hubiera cansado de girar y que las letras en el papel que solíamos comer en la oscuridad de la noche nos hubiesen enseñado a leer.

No puedo más sino pensar lo maravilloso de nuestra infancia, en donde caminar descalzos bajo la lluvia era de los mejores placeres de la vida, recoger una que otra cebolla a escondidas de papá para poder solventar la compra de sorpresas con ciclistas y músicos en miniatura, porque eso sí, había algo que teníamos claro y era que el bendito pescado de plástico jamás sería para nosotros, jamás lo obtendríamos por más inversión que hiciéramos; tal vez, el pescado ya estaba destinado para el hijo del dueño de la tienda, más no para nosotros.

Un día me preguntaste si cambiaba el resto de mi vida por 10 años de mi niñez con la conciencia del adulto que soy y te respondí que los cambiaba tal y cual como los había vivido, sin modificarle nada, sin pensar en nada, sólo en que debíamos levantarnos temprano a batallar con la vida del niño, pero con la responsabilidad del grande.

Las heridas en la cabeza, rodillas, codos y nalgas, cuentan un poco nuestra historia, heridas que sanaron, pero que dejaron una cicatriz indeleble como muestra de una niñez que aunque corta, seguirá siendo eterna a nuestro recuerdo.

Suerte y lujo es tenerte como hermano, suerte es poder contar contigo y en el trasegar de la vida encontrarte en cada pequeño espacio, un espacio en donde me siento tan a gusto, porque en tu corazón encuentro el abrigo que mi vida necesita.








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