Nené, Michi hermoso.



Día triste hoy, día en el que siento como si todo el dolor de mi cuerpo y mi corazón se alojaran precisamente debajo de los párpados y todas las lágrimas que están por caer, se les diera por permanecer ahí suspendidas.

Es una pena infinita por amar, por cuidar, por extrañar. Es encontrarse con la conciencia de lo indefensos que pueden llegar a ser algunos seres en este mundo y cuyo lenguaje no entendemos, sino que acudimos a nuestro instinto maternal para darnos cuenta de ello.

No quiero sentirme bien, no quiero, quiero dejar que el dolor invada todo mi ser, para que me haga recordar que hoy es uno de ellos y mañana puedo ser yo.

Miro la ropa llena de sus huellas, pelos monos y blancos, esos que dejó en mí mientras en mis brazos le daba un poco de calor, mientras le hablaba agradeciendo lo feliz que me hizo, diciéndole que si quería podía marcharse, que lo seguiría amando siempre porque su ternura y su calidez la recordaría cada día de mi vida.

Yo, con el paso de los años y con algunas experiencias de vida, he llegado a pensar que estamos rodeados de animales mejores que muchos seres humanos. 

Nené, Michi de mi corazón vuelve a casa recuperado, vuelve, porque de lo contrario, quiero que vueles en el cielo de los gatos, que por cierto debe ser muy hermoso, tan hermoso como tú. 



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