Perdidos en la nada.
Prometer no escribir sobre pérdidas, es negarle a los demás que sepan de dolor.
Han sucedido tantas cosas en los últimos días, que ella se niega a dejar pasar por alto esa sensación tan extraña que precede a todo lo vivido.
La madre de su mejor amiga, una hermosa anciana que la amaba, jamás volvió a reconocerla, de hecho nunca más volvió a recordarla y a uno de sus hijos a quien fue y abrazó en señal de acompañamiento ante la pérdida, tampoco la recordó.
¿Cómo es posible olvidar lo que amamos? ¿Acaso estamos destinados a olvidar para ser felices? Ella no lo sabe. Son preguntas que la han dejado muy confundida.
Viajó a Bogotá __a una lluviosa ciudad decían__ y por el contrario, la encontró fría, pero soleada. Algunos quienes la quieren y saben de su estadía allá, se atrevieron a decir que ella les había llevado el sol.
Eso no fue lo más importante de dicho viaje, ya que uno de los propósitos era reunirse con algunos amigos, entre ellos a uno que quiso mucho y que por las vueltas de la vida cambió de espacio, pero del que jamás pudo separar sus huellas.
Un día, ese hombre a quien ella siempre vio como un referente de rectitud, inteligencia, sabiduría y brillantez, lo encontró con manos temblorosas, sumido en un mar de confusiones y de murciélagos en su cabeza, que la llevaron a pensar, que él se había perdido en el mundo.
Ella, que supuestamente había sido uno de sus grandes amores, no podía entender, cómo no corría a verla en uno de sus esporádicos viajes a la ciudad.
No quería pensar en desidia, en desamor y mucho menos quería pensar en olvido. No quería pensar en nada que tuviese nombre a tristeza o desesperanza.
Y, ante dicho panorama tan desolador ella se pregunta: ¿Por qué cuando se ha trabajado por tantos años para dedicarse a disfrutar de lo bien ganado, toca librar las peores batallas? ¿Por qué el simple cuidado de un anciano amoroso, dueño de nuestros amores se convierte en el acto más duro y difícil de sortear? ¿Por qué las emociones se convierten tan fácil en agua salada recordando y añorando el pasado, como si jamás se hubiese vivido?
Ella ahora mira con ojos más cálidos, se sienta a ver y a disfrutar su taza de café, se toma muy en serio una siesta, observa al caminar el pasto seco, se detiene ante el espejo a observar la belleza pensando más en el alma que en el cuerpo y trata de vivir tranquila para no ser una de esas personas que se perdieron en la vida.

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