La brisa que precede al aguacero
El aguacero es mágico, pero el instante que lo precede es aún más mágico.
Hoy, mientras caminaba por la gran plazoleta de la Catedral de Santa Ana, a la que por cuestiones de tristeza y asuntos del corazón me niego a voltear a ver, pude sentir cómo mi ropa se sacudía y observé con detenimiento cómo la gente caminaba presurosa. Vi, como una mujer de camisa rosa encendida con un bastón, un habitante de calle y una anciana llevando a un anciano, se daban mañas para abrirse paso entre la gente, como si ellos sí supieran de agua caída del cielo.
Esa brisa como antesala de lluvia, que burla cualquier obstáculo para enredarse entre la ropa, rozar suave o fuerte la piel, esa que te hace sentir que se coló hasta las profundidades del ser, robó secretos, siguió su viaje hacia otros cuerpos, es la que me transporta a pensamientos un tanto impuros, diría yo.
No me queda más sino pensar, que esa brisa que hoy me tocó, también te tocó a ti y a ti y a ti también y en una de esas y sin pensarlo, todos nuestros cuerpos fueron tocados sin quererlo; cuerpos bellos, jóvenes, sucios, grandes, pequeños, enfermos, ancianos... todos sin excepción alguna, fueron usados por ella, para seguir su viaje, quién sabe a donde.
Por eso amo caminar, por eso amo la brisa y la lluvia, porque muy dentro de mí, __y estoy convencida de eso__ estoy siendo acariciada por cada uno de ellos.

Si yo fuera brisa y llegará a tocar tu cuerpo jamás me iría, sería un verdadero placer acariciarte mientras caminas y ser esa brisa que refresca tu cuerpo mientras duermes.
ResponderBorrarQué bonito comentario y muchas gracias por venir a leerme. Abrazo.
BorrarQuisiera ser esa brisa que roza tu cuerpo mientras caminas y la que te refresca mientras duerme.
ResponderBorrarAbrazo y gracias por venir a leerme.
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