Lo que fui, lo que soy.




Sé que estoy vieja, no sólo por como me veo, sino por como pienso y siento.

Y en realidad no es que eso me preocupe, por el contrario, estoy siendo testigo de un proceso al que muchos no tendrán acceso.

El hecho de poder disfrutar de una cantidad de cosas __que años atrás serían un completo despropósito__, son la prueba evidente del cambio de pensamiento con respecto a la vida.

Todo empieza desde el tamaño de la cama y la cantidad de almohadas que reposan en ella, la comodidad de la ropa de dormir, un sin número de menjurjes y pastas en la mesa de noche para todo tipo de dolencias en donde antes reposaban cositas para las artes amatorias, diferentes cremas para el cuidado de la cara y del cuerpo, la ropa y los zapatos más cómodos (aunque la batalla de la ropa y los tacones aún no se ha perdido), la búsqueda de comidas saludables, un poco de ejercicio en las mañanas y la mejor de todas, el gusto por volver un viernes temprano a casa a preparar la comida favorita, meternos entre las cobijas y buscar una buena película, dan cuenta de los cambios que empezamos a experimentar.

Ya esas noches interminables de ruidos ensordecedores quedaron en el pasado y ahora optamos por la música suave, música que sólo subirá de decibeles el día que estamos tan felices como para portar una escoba y un limpión en mano.

Y cómo no amar esa época de mi vida, si ya bailamos, brincamos, salimos sin permiso de los padres y después de los hermanos, estuvimos en fiestas a las que no fuimos invitados, fumamos por el sólo hecho de querer saber cómo se sentía, bebimos de toda clase de licores hasta perder la conciencia, nos gastamos el ultimo peso en el bolsillo para luego no tener cómo llegar a casa o para no saber cómo íbamos a llegar al trabajo el lunes, nos quedamos a dormir en casa de los amigos, las amigas, la casa del novio y en el peor de lo casos amanecíamos en un motel del sitio más cercano a donde estuviésemos parrandeando, nos echaron la policía porque la música estaba tan alta que no dejábamos dormir a nadie en el edificio, caminamos distancias enormes para ahorrarnos el transporte, armábamos bronca en el estadio, visitamos galleras, casinos, nos fuimos sin pagar de alguna pollería y terminábamos de paseo en los pueblos circunvecinos sin más ropa que la que llevábamos puesta.

Muchos dirán que era y que estaba rodeada de vándalos, pero no, no fue así. Ya no logro escandalizarme con nada, porque quien soy, rememora cada momento vivido, porque ellos formaron __a mi buen parecer__  la mujer increíble que soy ahora, de pensamiento libre, sin ataduras de ninguna clase, una mujer que no le teme a la verdad y que en sus ratos libres se dedica a recrear a través de este blog sus más íntimas vivencias, porque no soy nada de lo que fui, pero lo que fui forjó a la mujer que soy ahora.

Nadie va a venir a decirme cómo y bajo qué principios debo vivir mi vida, cuando fueron nuestros hermanos mayores, los amigos de nuestra misma edad y la calle, las que curtieron mi piel, esa misma que veo ahora y se extraña de la forma tan bonita como solía sentir.





Comentarios

  1. Excelente reflexión de la vida y sus enseñanzas, te felicito de todo corazón ♥.
    Sos una Macha te admiro demasiado.

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  2. Me encanta la manera de describir algo tan profundo y con lo que me identifico en algo

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  3. "..., estoy siendo testigo de un proceso al que muchos no tendrán acceso". Ouch! Frase corta y profunda a la vez. Describe lo que es la vida, algo incierto. Muchos de nosotros tendremos la dicha de envejecer y llegar a cierto nivel de madurez gracias a las experiencias, y otros que no. 💔
    Hermoso texto, Astrid.

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    1. Abrazo y aquí seguiré recreando mi blog con apartes de mi vida. Gracias por leerme.

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  4. Felicitaciones que bonito escribe, muy bien ilustrada una vida que ha forjado una buena espada,que ha estado en el fuego y después se forma en una pieza única.

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    1. Gracias por el bello comentario y la vida nos va formando así como hace la gota de agua a la piedra. Creo, siempre para bien.

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