Por la búsqueda de un 💓.



Con las redes sociales servidas en bandeja de plata y cualquier persona que en sus ratos de ocio se dedique a escudriñar con detención entre líneas, son muchas las historias de las que se pueden estar enterando, no sólo de lo que pasa a nivel global (porque como bien es sabido por todos), ellas son capaces de elegir a líderes mundiales, de esos que manejan los destinos del planeta para bien o para mal, sino también de chismes de corrillo, historias de sábanas sucias, de sábanas limpias, de amores y desamores entre suscriptores, peleas por cuerpos y caras hermosas, indirectas que van, indirectas que vienen, chistes que degradan al ser humano, imágenes que trascienden a la imaginación y demás; el tema es de nunca acabar y por visibilizar cualquier contenido son capaces de venderle el alma al diablo.

Siempre me creí una mujer con un autoestima muy alta y la verdad incursioné por accidente y ante la insistencia de un amigo, en una de las más populares y ella misma se encargó de sacarme volando de allí... mejor dicho me cancelé. 

¿Cómo es posible, que hayan seres humanos tan perversos, capaces de crear cuentas, una, tras otra, tras otra, con el fin de agredir a alguien? La verdad, tienen que tener esa cabeza muy rayada. 

Pero el tema no acabó ahí. Llegué, creyéndome muy especial, y en una carrerita eso de especial pasó a un segundo plano, porque empecé a librar unas absurdas batallas con desconocidos. Batallas por mi gusto al café, batallas por mi cara, por mis uñas, por mis escritos, por mis posturas políticas, por el fútbol, por el tenis y hasta por hombres... hágame el favor, por hombres.

Y es que entre gustos no hay disgustos __pensaba yo__ y en ese camino de batallas perdidas conocí a personas maravillosas, fantasmas detrás de una foto que con el paso de los días, el tiempo las fue llevando a la realidad.

Muchas llegaron y así mismo muchas se fueron porque incumplieron con las reglas de la amistad y del respeto, porque así como se suele ocultar una que otra cosa de la vida, también es cierto que la gran mayoría de ellas __para mí__, son verdades, verdades a medias para no golpearme tanto.

Los golpes me los proporcionaron quienes en su odio desmedido vuelven agresiones a todo aquello que no suene o no se les parece a lo que ellos llevan en su cabeza, agresiones a las que traté por todos los medios de no metérmele al trapo, para no terminar rebajándome a su nivel de estupidez.

Identificadas están quienes osan de buenas personas, las rezanderas tirando odio a lo que da el teclado, las incomprendidas y esas que se victimizan para conseguir un poco de atención ante un amor perdido. Identificadas tengo a muchas, así como muchas me tienen identificada y ojalá que sean quienes me conocen las que salgan a hablar de haberme tenido frente a ellos. Con seguridad no tendré el cuerpo, ni la estatura, ni la cara, ni el dinero, pero estoy segura que muchas de esas que me atacan, tienen mucho menos que yo.















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