Los nuevos 50
Quién iba a pensar que los nuevos 50 llegarían con una ola de violencia hacia el cuerpo y que este empezaría a sufrir una transformación que hasta antes de esa edad eran completamente impensables.
Todo empezó para mí, antes de cumplir los 50 con la bendita menopausia y los cambios tan abruptos sufridos no sólo por la parte física sino también por la parte emocional y eso sin contar que no fui una de esas mujeres a las que se les dio por llorar, gritar, estar mal humorada, irascible y demás. Pasé día, tras día, tras día, sin poder dormir porque somos invadidas por un calor del demonio que nos hace sudar hasta los malos pensamientos y dormir acompañada y la amada cobija se convirtieron en nuestros peores enemigos. Repelía los lugares cerrados, los abrigos, las camisas manga larga, el cabello suelto, el maquillaje y nada de comer dulce, porque ahí sí que la cosa se complicaba porque las muchas calorías hacían que los episodios de calor y desesperación se dieran con más frecuencia.
Antes de los cincuenta amaba el frío, pero con la dichosa menopausia empecé a adorar ese que era capaz de congelarme hasta los tuétanos, los abanicos y la botella de agua helada en el bolso se convirtieron en amigos inseparables.
Y así, muchos se dan el lujo de romantizar una cosa de estas traídas de no sé donde, como un proceso normal al que debemos adaptarnos sin queja alguna, porque he sido una de esas que lo ha llevado sin medicamento por los efectos adversos que las hormonas producen. Lo he llevado con la dignidad que lo requiere y sin ocultamientos de ninguna clase, porque pareciese que un proceso tan normal, fuese un engendro maligno al que las mujeres debemos mantener en la más completa reserva como si fuese un pecado mortal.
Pecado fue llegar a los nuevos 50 como dicen ahora, porque a nadie se le dio por decirnos que muchas cosas más nos empezarían a pasar. Nos dijeron que podríamos tener relaciones seguras, pero a nadie se le ocurrió decirnos que a esta edad o estamos separadas, viudas, solas por convicción o simplemente el sexo sería una pequeña parte en nuestra vida. Nos dejó de importar lo que pensaban los demás cuando a los demás ya no le importamos, dormimos poco y poco soñamos, se reseca todo y uno no sabe si por falta de estrógenos o por falta de amor, la grasa corporal empieza a moverse de un lado a otro y se le da por hacerse justo ahí donde no quieres que se haga, el cabello se hace corto pero las meditaciones largas, las arrugas que ahora son líneas de expresión le pasan costosa factura a la piel si quieres envejecer con dignidad, y si no tienes hijos te agradeces por haberte hecho caso.
Los nuevos 50 son sin lugar a dudas, un engaño perverso hacia las mujeres a las que años tras años nos la han querido vender como una verdad a puños y una forma de mantenernos calladas para que olvidemos un poco las injusticias no sólo de la sociedad sino de la naturaleza misma.

Así es mi querida , los cambios hormonales son demasiado bruscos para ustedes las mujeres, solo quien lo vive es la que sabe como es, a algunas mujeres no les da tan duro. Espero que tu cuerpo haga una transición hacia un estado de normalidad nuevamente, no me imagino como responde a los estímulos de un buen vino. 😉
ResponderBorrarMi querido Xavi, gracias por el comentario y la verdad mi cuerpo ha respondido muy bien y más cuando una cantidad de cosas dejaron de importarme. Los cambios por más bruscos que sean, son cambios y debemos, a la buena o a la mala, adaptarnos a ellos. Gracias por venir a leerme. Lo aprecio montones.
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