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Los nuevos 50

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Quién iba a pensar que los nuevos 50 llegarían con una ola de violencia hacia el cuerpo y que este empezaría a sufrir una transformación que hasta antes de esa edad eran completamente impensables. Todo empezó para mí, antes de cumplir los 50 con la bendita menopausia y los cambios tan abruptos sufridos no sólo por la parte física sino también por la parte emocional y eso sin contar que no fui una de esas mujeres a las que se les dio por llorar, gritar, estar mal humorada, irascible y demás. Pasé día, tras día, tras día, sin poder dormir porque somos invadidas por un calor del demonio que nos hace sudar hasta los malos pensamientos y dormir acompañada y la amada cobija se convirtieron en nuestros peores enemigos. Repelía los lugares cerrados, los abrigos, las camisas manga larga, el cabello suelto, el maquillaje y nada de comer dulce, porque ahí sí que la cosa se complicaba porque las muchas calorías hacían que los episodios de calor y desesperación se dieran con más frecuencia.  An...

Ayer

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Ayer mientras escuchaba un álbum de música que un ex me entregó antes de bajarme de su auto en uno de los viajes que hice el año pasado a Bogotá y que desde octubre tenía guardado por aquello de no querer hacerme cargo de los sentimientos que eso iba a generar, pude comprobar lo que mi corazón presentía. La música me transportaría __y sin miedo a equivocarme__ a la mejor época de mi vida, época que no me canso de recordar y extrañar. La música me recordó la vida a solas, el trabajo cerca a casa, los almuerzos ligeros, las caminatas bajo la lluvia, el par de cigarrillos que compraba esporádicamente y que fumaba uno tras otro, la botella de vino que bebía cuando debía hacer aseo, el despertar con la radio, cantar y bailar mientras me arreglaba para salir a la oficina,  las charlas interminables en el calor sofocante dentro de un auto  y la sensación de libertad e independencia nunca antes sentida. Ayer, escuchando música pude entender, que hay cosas que se hacen con un propósito...

Lo que fui, lo que soy.

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Sé que estoy vieja, no sólo por como me veo, sino por como pienso y siento. Y en realidad no es que eso me preocupe, por el contrario, estoy siendo testigo de un proceso al que muchos no tendrán acceso. El hecho de poder disfrutar de una cantidad de cosas __que años atrás serían un completo despropósito__, son la prueba evidente del cambio de pensamiento con respecto a la vida. Todo empieza desde el tamaño de la cama y la cantidad de almohadas que reposan en ella, la comodidad de la ropa de dormir, un sin número de menjurjes y pastas en la mesa de noche para todo tipo de dolencias en donde antes reposaban cositas para las artes amatorias, diferentes cremas para el cuidado de la cara y del cuerpo, la ropa y los zapatos más cómodos (aunque la batalla de la ropa y los tacones aún no se ha perdido), la búsqueda de comidas saludables, un poco de ejercicio en las mañanas y la mejor de todas, el gusto por volver un viernes temprano a casa a preparar  la comida favorita, meternos entre las...

Hablemos sobre perdón.

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Pues muchos son los que dicen que para estar tranquilo y en paz hay qué saber perdonar.  Pues no, no estoy de acuerdo con eso, porque para estar tranquila de lo único que debo estar segura es de no andarle haciéndole la vida a cuadritos a nadie y tal vez en ese estilo de vida me muevo. Perdonar a quien maquina hacernos daño es de las cosas más aberrantes y despiadadas que hay y no está bien __a mi parecer__ normalizarla y si por eso me he de condenar, pues me condenaré, pero hay dos personas en mi vida a las cuales no perdonaré jamás y pueden llorar, como dicen por ahí. A ellas, no las mueve sino la perversidad, el egoísmo, la idolatría. Los mueve el odio por los logros de los demás, las fortalezas de los otros los envenenan y no son capaces de reconocer que el mundo no gira en torno a ellos. Y no piensen que fueron amores, porque ellos no tienen establecido dentro de este contexto un espacio, como el que sí tienen dos criminales del odio, esos que lograron maltratarme hasta el can...

Por la búsqueda de un 💓.

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Con las redes sociales servidas en bandeja de plata y cualquier persona que en sus ratos de ocio se dedique a escudriñar con detención entre líneas, son muchas las historias de las que se pueden estar enterando, no sólo de lo que pasa a nivel global (porque como bien es sabido por todos), ellas son capaces de elegir a líderes mundiales, de esos que manejan los destinos del planeta para bien o para mal, sino también de chismes de corrillo, historias de sábanas sucias, de sábanas limpias, de amores y desamores entre suscriptores, peleas por cuerpos y caras hermosas, indirectas que van, indirectas que vienen, chistes que degradan al ser humano, imágenes que trascienden a la imaginación y demás; e l tema es de nunca acabar y por visibilizar cualquier contenido son capaces de venderle el alma al diablo. Siempre me creí una mujer con un autoestima muy alta y la verdad incursioné por accidente y ante la insistencia de un amigo, en una de las más populares y ella misma se encargó de sacarme vo...

La brisa que precede al aguacero

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El aguacero es mágico, pero el instante que lo precede es aún más mágico.  Hoy, mientras caminaba por la gran plazoleta de la Catedral de Santa Ana, a la que por cuestiones de tristeza y asuntos del corazón me niego a voltear a ver, pude sentir cómo mi ropa se sacudía y observé con detenimiento cómo la gente caminaba presurosa. Vi, como una mujer de camisa rosa encendida con un bastón, un habitante de calle y una anciana llevando a un anciano, se daban mañas para abrirse paso entre la gente, como si ellos sí supieran de agua caída del cielo. Esa brisa como antesala de lluvia, que burla cualquier obstáculo para enredarse entre la ropa, rozar suave o fuerte la piel, esa que te hace sentir que se coló hasta las profundidades del ser, robó secretos, siguió su viaje hacia otros cuerpos, es la que me transporta a pensamientos un tanto impuros, diría yo. No me queda más sino pensar, que esa brisa que hoy me tocó, también te tocó a ti y a ti y a ti también y en una de esas y sin pensarlo, ...

Perdidos en la nada.

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Prometer no escribir sobre pérdidas, es negarle a los demás que sepan de dolor. Han sucedido tantas cosas en los últimos días, que ella se niega a dejar pasar por alto esa sensación tan extraña que precede a todo lo vivido. La madre de su mejor amiga, una hermosa anciana que la amaba, jamás volvió a reconocerla, de hecho nunca más volvió a recordarla y a uno de sus hijos a quien fue y abrazó en señal de acompañamiento ante la pérdida, tampoco la recordó.  ¿Cómo es posible olvidar lo que amamos? ¿Acaso estamos destinados a olvidar para ser felices? Ella no lo sabe. Son preguntas que la han dejado muy confundida. Viajó a Bogotá __a una lluviosa ciudad decían__ y por el contrario, la encontró fría, pero soleada. Algunos quienes la quieren y saben de su estadía allá, se atrevieron a decir que ella les había llevado el sol. Eso no fue lo más importante de dicho viaje, ya que uno de los propósitos era reunirse con algunos amigos, entre ellos a uno que quiso mucho y que por las vueltas de...

Nené, Michi hermoso.

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Día triste hoy, día en el que siento como si todo el dolor de mi cuerpo y mi corazón se alojaran precisamente debajo de los párpados y todas las lágrimas que están por caer, se les diera por permanecer ahí suspendidas. Es una pena infinita por amar, por cuidar, por extrañar. Es encontrarse con la conciencia de lo indefensos que pueden llegar a ser algunos seres en este mundo y cuyo lenguaje no entendemos, sino que acudimos a nuestro instinto maternal para darnos cuenta de ello. No quiero sentirme bien, no quiero, quiero dejar que el dolor invada todo mi ser, para que me haga recordar que hoy es uno de ellos y mañana puedo ser yo. Miro la ropa llena de sus huellas, pelos monos y blancos, esos que dejó en mí mientras en mis brazos le daba un poco de calor, mientras le hablaba agradeciendo lo feliz que me hizo, diciéndole que si quería podía marcharse, que lo seguiría amando siempre porque su ternura y su calidez la recordaría cada día de mi vida. Yo, con el paso de los años y con algunas...

Forzar el olvido

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  ¿Cuánto tiempo necesitaré para olvidar? __ me pregunté__ y aunque todo hacía pensar que necesitaría un tiempo considerable para sanar la tragedia de días pasados, pisar tierras nortesantandereanas secó casi por completo las lágrimas, pero no secó del todo los recuerdos. Esos quedaron ahí, dormidos, detenidos, esperando a encontrarme  con las defensas del olvido por el suelo para llegar a agredirme... ...Y vaya agresiones. Temí por ello y hasta una que otra lágrima rodó por mis mejillas, las que limpié con un pedazo de la camisa de turno. Sí, con la camisa  para que al ser lavada se llevara la sal de la tristeza. Ahora, tal vez, con la misma soledad puedo decir que no hay que forzar tanto el olvido, porque justo cuando creías que ya era un tema superado, aparecen los recuerdos así y de la nada, a darle de nuevo sentido a tu dolor. 

Para Alvarito

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  Alvarito Como dice la canción de Diomedes: "Que si volviera al pasado, viviría despacio y te quisiera más". Y más es una palabra que se queda corta ante la magnitud de mi amor por ti. Nuestra infancia, carente de juguetes convencionales más no de naturaleza y juegos que inventábamos para hacer llevadera nuestra niñez, demuestra la simplicidad de lo pequeño convertido en tradición. No puedo más sino recordar tus días tristes __que también eran míos__, porque por lo general las travesuras y los castigos no eran individuales, pero sí por el contrario colectivos y sufridos; tampoco puedo olvidar que acompañarte, a veces, era difícil porque eras un niño y yo una niña y las niñas no podíamos hacer cosas de niños. Sin embargo, nos dábamos mañas para poder estar juntos compartiendo aventuras carentes de género, fuerza y valentía. Te seguía por líder, por inteligente, por fuerte y osado. Te seguía porque con seguridad detrás de ti estaba la magia que solía buscar en las palabras, pa...

Letras

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  Estoy hecha de letras, letras que guardan emoción y olvido, letras de amores pasados, letras con recuerdos de lo que pudo haber sido. Las letras me poseen, pero a veces no saben cómo escribirse.

Nada es fácil

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Lo difícil es tratar de dormir cuando has dejado al amor caminando solo, lo difícil es conservar la calma  cuando las palabras han excedido  a los sentimientos, pero más difícil aún es saber que mañana ni tú me habrás olvidado, ni yo tampoco.

Promesa rota

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  Jamás imaginó que pondrían en su dedo un anillo con el hermoso color verde que tanto amaba y que por aquellos avatares de la vida devolvería, para no recordar promesas de amor hechas pedazos.   Años después y para asombro suyo, recibiría una llamada en la que le ofrecían aquel mismo anillo en venta.

Sin Glamour

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  Tal vez un año  y medio atrás tomó la decisión de no volver a trabajar por los intereses de alguien más y así lo cumplió. Un día se encontró en casa, con la cama sin hacer, en pijama, sin maquillaje, con el cabello revuelto, sin sus tacones y sin sus preciados accesorios y entró en pánico. Vio como sus bolsos, su ropa planchada y sus zapatos de tacón permanecían intactos y los vio tan suspendidos en el olvido que sólo optó por llorar. No se veía llevando una vida así de tranquila sin el olor a glamour con el que solía llenar sus días. No quería aceptar su nueva vida y la desesperanza se apoderó de ella al punto de querer salir corriendo hacia cualquier destino que no fuese ese que tenía frente a sus ojos. Los días seguían pasando y poco a poco fue incorporando cosas nuevas y sencillas a aquello que se parecía mucho a la rutina y en ese camino empezó a encontrarles placer. Empezó a darse cuenta que valía la pena dormir hasta tarde, empezó a encontrar un placer casi do...

Confesiones a Fer.

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  Confesiones a Fer. A mí me duele que ese encanto haya desaparecido porque yo me conozco, porque soy una mujer que cuando hay algo que no me convence, cuando siento que no pertenezco al camino que estoy andando, al camino que estoy recorriendo, entonces empiezo a quedarme de a poquitos, así como se va quedando uno cuando está cansado, así como se va quedando uno rezagado, así como voy ahora detrás tuyo como a 3 pasos de distancia, porque me quedé y te voy acompañando, caminando, dando pequeños gritos para que escuches y te des cuenta que aún estoy ahí, que aún te sigo, pero no con el paso y con la misma velocidad con que caminaba cuando nos conocimos. Me duele pensar que un día de estos, el camino se va abrir en dos, se va a abrir en forma de Y, y entonces tú vas a coger por un lado y cuando yo intente alcanzarte voy a ir al lado contrario y nos perderemos para siempre.   Así y de esa forma he perdido a muchas personas y lo que más lamento Fer, es que te pierda y que me...

No fue.

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  Tal vez en esta no fue porque él nunca entendió que no era sexo, era amor. Tal vez en esta no fue porque mientras ella le veía con miradas que no envejecían, él lo hacía fíjamente encontrando el peso de los años en cada línea de expresión. Esta vez tampoco fue porque mientras ella caminaba lento evitando el futuro, él daba pasos agigantados hacia la juventud perdida. Esta vez tampoco fue porque después de caminar tantos años juntos sin siquiera ir tomados de la mano, él decidió que sus pasos ya no necesitaban sus huellas. No fue ni será jamás porque dos personas que se encontraron una vez y no fueron capaz de descubrirse, están destinados al olvido eterno.  

Dos horas

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Me preguntaste: ¿Qué podríamos hacer en dos horas? Esas horas podrían estar cargadas de un poco de licor besos con lenguas exploradoras manos inquietas cuerpos al vaivén de la música sexos rozándose sábanas desordenas ropa al piso ropa que sobra que estorba porque las horas a tu lado también son olor y sabor y sentidos y sonidos. Dos horas es muy poco tiempo para tanta piel.

Un año es demasiado tiempo.

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  ¿Cómo hago para que dejen de doler ciertos recuerdos? Entro en una cantidad de preguntas intentando convencerme que las cosas se dieron de la forma como se tenían que dar. No puedo más sino imaginar un final diferente pero el resultado es el mismo. Las lágrimas ahogan a las niñas de mis ojos y es inevitable que ellas empiecen a rodar por mis mejillas y a caer en el pecho sí, precisamente ahí, en el pecho que es en donde se siente la puñalada de cada recuerdo. Los días han pasado y con ellos también los años y uno cree que el dolor desaparecerá para siempre pero no es así; también sé que esas no son mis culpas ni las de nadie y me encantaría pensar que mi tristeza __tal vez de aquel momento__ fue felicidad para los protagonistas de este dolor. Era solo un año, nada malo podía pasar en un año. Ellos un día se despidieron con los besos y los abrazos suficientes para abrigar la lejanía, pero lo que el abuelo y el nieto no sabían era que se estaban despidiendo para siempre, qu...

No resulta fácil

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  Resultan fáciles las despedidas cuando dejamos de querer, cuando dejamos de estrellar los cuerpos y las palabras, cuando buscamos apuradas otras bocas que nos mientan y otras manos que nos acaricien el placer perdido. Resulta fácil soltar la mano y desviarte en el camino, perderse de un pasado que ya no nos pertenece por un futuro incierto y un presente que se escapa pensando en el olvido. Todo es fácil para el que dejó de querer pero nadie dijo nada para el que siguió con la mano tendida, para el que continuó con una fidelidad que nadie pidió, para el que perdió los zapatos en la carrera por intentar alcanzar a unos que no querían ser alcanzados. Nadie en lo absoluto dijo nada para el que envejeció con el corazón vacío, para el que apostó a ganarle a la vida, al amor y perdió.

Los colores del caballero de la Oscuridad

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  Un día cualquiera él vino a ella cargado del color rojo de una cabellera con la que había soñado la noche anterior. Tal vez fue la forma de romper el hielo y de empezar a crear una pequeña conversación basada únicamente en aquel sueño. Pero resultó que según él no tenía colores y sí los había… …Tenía el color de la oscuridad y del azul del cielo, el de la música llena de extraños matices, el de unos hermosos labios, el de Sara y su sonrisa, el de una mujer que le quita el sueño y el de Kiara. También recordó el color de los platos y las alfombras de Turquía de las que dijo que con seguridad le encantaría, el color de su camiseta roja del hombre araña, el universo multicolor a sus espaldas en un pueblito del Quindío y el color imprescindible de sus palabras llenas de la ternura que él mismo se ufana no tener. Un hombre joven con cámara en mano al que le obsequiaron un número que jamás pidió y que al escuchar por primera vez a aquella mujer no pudo asociar el color de la vo...

Fotografía y recuerdos.

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Tal vez otra de las formas de atesorar recuerdos es guardando como reliquias cada fotografía. Jamás podré saber cómo fui de bebé, si era gorda o calva, ni cómo me llevaban al bautizo, ni cómo se veía mi vestido de primera comunión. Tendré que guardar en mi cabeza la palabra hecha recuerdos de quienes aún conservan la memoria de aquellos días, tendré que echar una mirada al pasado en mi inconsciente y evocar los recuerdos de los cuales no hay evidencia alguna.  Me consuela saber que la mujer de hoy posee dentro de ella a una niña bella y graciosa que no tiene fotografías, pero sí por el contrario el recuerdo de tierra entre sus uñas, raspaduras de rodillas, labios rotos, cabeza desportillada y la sonrisa más encantadora del mundo.  Eso no me lo tiene que contar nadie y aunque las fotografías no son prueba de felicidad, tendré que resignarme a creer en la belleza y la ternura de la niña que hoy habita en mí.

Guardando tu imagen

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  Dormir es tal vez una de las mejores cosas de la vida,  pero sería mejor aún poder observarte mientras lo haces  como quien quiere guardar en sus pupilas  el preciso instante en que empezaste a soñar.

Y si vienes y bailamos.

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Me entrego al olvido

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  Si supieras los muchos kilómetros que he recorrido para ir a tu encuentro, las noches solitarias intentado conciliar el sueño, los bocados de amargura que no pasan de la boca, las lágrimas suspendidas debajo de los párpados que se rehúsan a caer. Si supieras que he soñado con el amanecer entre tus piernas, caminar por pueblos solitarios sin tener que tomarte de la mano y en la complicidad del silencio saber que nos pertenecemos, tomar café o vino en una mesa para dos y hablar de lo terrenal y lo celestial sin que nada más que nuestras miradas nos distraigan. Si supieras que he perdido la juventud esperando una vejez contigo, que la bondad encontró límites inesperados, que he perdonado hasta lo imperdonable, y que con la desilusión de quien lo ha entregado todo, me abandono a olvidarte.  

Tal vez me acordé de ti.

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  El sueño me abandonaba por el placer de contemplar con los ojos del amor, al mismísimo amor hecho hombre dormido. Mantenerme despierta observándolo, era tal vez la única forma de atesorar recuerdos, de detener el tiempo.

Almohadas

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Si las almohadas hablaran contarían como se apoderan de mis lágrimas, risas, sueños y desvelos. Contarían que las abrazo en las noches queriendo encontrar frío, calor, o la compañía que no suelo tener en mi cama.   Si ellas hablaran,  también dirían que a veces reposan entre mis piernas, debajo de mis pies y mis caderas cansadas.   Si las almohadas hablaran, el mundo ruborizaría.    

Un café especial

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  A veces hay cafés que saben a sal por las lágrimas, que no se disfrutan por el dolor de una pena irreparable, a los que no le sentimos la calidez, porque hemos perdido el calor de unos brazos. A veces hay cafés así, solitarios,   en blanco y negro y sin cara para mostrar.

Puedes besarme

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  No preguntes jamás si puedes besarme cuando has estado a centímetros de mi boca, tan cerca que has podido sentir los latidos de mi corazón y tus labios saben a qué huele mi perfume. Si has llegado hasta allá, créeme... ...Puedes besarme.